| |
La historia del pobre Jannos, pese a su cómico dramatismo, está basada en hechos muy reales. Era la dramatización protagonizada por Anthony Quinn de un simple campesino Rumano preocupado únicamente por su mujer, sus hijos, su granja y trabajo, hacer el bien a sus vecinos, y ocuparse de sus propios y sencillos asuntos.
La película, se titula "La Hora 25", la última de las horas. El filme comienza la historia que empezó hacia le año 1938 en Rumanía, que era aliada de Alemania, y no cuenta la historia de Johan Moritz, al que se le cambiaba de nombre por cada país que pasaba. Jannos, Janque, o Janni como le llamaba su mujer Suzanna
Resulta, que la esposa de Jannos, era pretendía un oficial de policía local. Al negarse esta a las pretensiones del oficial de policía. Este jefe local de la policía, acusó falsamente a su marido de judío. Rumanía, perseguía a indeseables como judíos, comunistas, pensadores, ... .Con lo que tras llegarle una notificación a la que inocentemente se presenta a la citación, es detenido y deportado a un campo de trabajo. Pese a sus protestas de que existía un error.
Fue enviado junto con otros judíos a construir un canal defensivo contra los rusos. Nada mas llegar, volvió a presentar su reclamación ante el jefe del campo. Este le respondió, "el rey no comete errores". Aún así, persistió en su reclamación, mientras trabajaba con alegría, en la esperanza de que se resolviese el error. Los compañeros judíos le recriminaron que renegase de su fe. El les explicaba, y terminó convenciendo, de que efectivamente. No era judío. Era Cristiano Ortodoxo. Que no tenía nada contra los judíos. Es mas si lo fuera, se sentiría orgulloso de serlo.
Mientras, su mujer intenta solventar el error. No consiguiendo mas que buenas palabras de funcionarios inferiores. En 1940, el ejercito Alemán, pasa por Rumanía camino de Yugoeslavia y Grecia. Con lo que se persigue aún mas a los judíos. Y no dejaron mas opción a la pobre mujer que divorciarse de Janni para poder salvar la granja. Y mientras, el agente de policía, interceptaba sus correos, con lo que ninguno sabía nada del otro.
Estando todavía en el campo de trabajo, le proponen una fuga. A lo que finalmente acepta. Sobornando sus amigos judíos al jefe del campo, el y otros tres, se fugan en una camioneta conducida por el mismo jefe del campo.
En noviembre de 1940, llegan a Budapest, con mucho cuidado, porque Húngaros y Rumanos, pese a ser aliados, no se llevaban nada bien. Allí, intenta arreglar los papeles mediante el comité de ayuda judía, para irse a América, a donde siempre había soñado con ir. El comité, le niega la ayuda, por no ser el judío y haber muchas solicitudes. Sus amigos judíos, terminan arreglándose pero el no.
A la salida de la estación a donde había ido a despedir a su amigo que se iba a suiza, se le detiene por no tener documentación, incautándole una pieza de oro ruso que su amigo le había dado para que intentase arreglarse. Se lo trata como espía, y termina deportado a Alemania como mano de obra esclava.
 Una vez allí, un oficial de las SS, experto racial, en una revisión de la factoría, acompañado de otros oficiales militares de la SS, con Dios sabe qué propósito, se fijó en el y lo sacó de entre el resto de prisioneros. Y junto con los oficiales lo llevó a su despacho, y llí lo sometió a una prueba
El doctor, opinaba que se había cometido un error con aquel hombre, y para demostrar sus grandes conocimientos sobre la raza aria, apostó con lo militares que era un descendiente de una heroica y poco conocida tribu aria. Cuyos miembros, se habían dispersado, pero que habían sabido conservar su pureza razial.
Para probar esa teoría, lo sometió a una prueba. Esta prueba, consistía en ver si su rostro se adaptaba a un perfil troquelado, de una colección de perfiles que tenía almacenada en una caja de madera. Esa caja, contenía todos los perfiles conocidos de la raza aria.
Al tercer intento, encontró un perfil troquelado, que se adaptaba exactamente perfil del rostro del prisionero. Incluso acertó rápidamente su lugar de origen. Pese al estupor del resto de los oficiales, pues no era rubio, y tenía la tez morena. Para aquél importante doctor, era un ejemplo para el resto.
Para su sorpresa, se lo sacó del campo del concentración, y se lo ingresó sin mediar palabra en las SS. Este, apreció el cambio de una muerte segura, a pasar a ser una estrella que fue portada de Signal. La publicación oficial del ejército alemán. Y otras 3768 publicaciones. Vestido con el uniforme de las SS y sonrriendo orgulloso -se lo había pedido el fotógrafo- en la fotografía de un nuevo héroe ario. Ejemplo para todos los congéneres de la raza aria.
Y para su mayor perplejidad, se le encomendó la tarea ser vigilante en el campo de trabajo, en el que antes había sido prisionero, vigilando a sus amigos que antes habían sido sus compañeros.
En Abril de 1944, los rusos, invaden Rumanía. Al policía, lo cogen los partisanos mientras se acicalaba para recibir a los soviéticos. Y la mujer de Jannos, tiene que huir por culpa de la fotografía de su marido vestido de SS, la única noticia que tuvo en todo este tiempo, y mantenía aún su amor por el.
Cercana para entonces la presencia a la factoría de las tropas soviéticas. Se ordenó el traslado de los trabajadores. Mientras se realizaba, sufrieron un ataque aéreo. Tras el cual con la ayuda involuntaria de Jannos, los prisioneros terminan con sus guardianes, y se fugan todos en le camión.
Una vez llegó a las líneas americanas, es capturado e ingresado en un campo de prisioneros. Donde se le identificó como criminal de guerra, y fue sometido a juicio en Nuremberg por Nazi y participar en el exterminio gracias a su aparición estelar en las revistas.
Afortunadamente para Jannus, la historia tuvo un final feliz. Pues gracias al testimonio de los presos liberados, al testimonio de su mujer, finalmente violada y embarazada por los rusos que invadían Alemania
 En noviembre de 1949, once años después, sin tener noticia, se Jannos, se reune con su mujer y sus tres hijos en una estación de tren de Alemania. En donde conoció y aceptó al nuevo miembro de la familia.
Allí, fueron entrevistados por un periodista americano que cubría los juicios de Nuremberg. Y pese a la insistencia del fotógrafo. Esta vez no pudo sonreir. Solo pudo intentarlo en un grotesca mueca mientras se le saltaban las lágrimas.
¡Otra vez no!¡Por favor!¡Otra vez no! |
|